lunes 3 de diciembre de 2007

Tetragrammaton

Son las siete de una mañana pasada por agua. La fila se extiende desde la puertas del banco, a través de las escaleras, rodea un par de tiendas cerradas y continúa hasta la mitad del boulevard. Siguen sumándose personas. Hay dos filas más en el extremo opuesto. La gente bebe café caliente y conversa para aliviar un poco el frío. En el centro de la pequeña plaza un tipo anuncia la segunda venida de Cristo, con un pañuelo de papel se seca los labios de cuando en cuando. El movimiento inicia con un brevísimo movimiento de la lengua entre los dientes, como el de un reptil, seguido de una mirada al cielo y la aparición del pequeño pañuelo.

-¿Eres más sabio que Dios, hermano? ¡Hay gente que se cree más sabia que el Señor!

Junto al vendedor de café hay tipos repartiendo octavillas publicitarias, otros piden dinero haciendo gala de cicatrices a punto de sanar. Más personas se añaden a la fila, unos han decidido sentarse sobre el suelo mojado. El boulevard empieza a bullir de gente en cuestión de minutos.

-¡No es mi voz lo que oyen ustedes ahora mismo, sino la voluntad de nuestro Señor y Salvador hablando a través de mis labios!

Minutos después se abren las puertas y todos se apresuran adentro. La voz del hombre se pierde bajo el rumor de pasos en el lobby, preguntas de última hora, los vendedores que vocean desde la entrada.

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Primer día del documental. Miles de cabos por atar pero ante todo la emoción de costumbre frente a un nuevo proyecto. Creo que es innecesario preocuparse en exceso por ciertos aspectos; mejor seguir adelante ayudándose de los pasamanos y las paredes y resolver cada problema cuando lleguemos a él.