sábado 1 de diciembre de 2007

El Paquete

La tarde tiene lugar en muchos sitios; el lote de estacionamiento es uno de ellos. Entre los coches, cada una sobre una patineta, hay tres chicas que se sostienen de la mano. Vistas desde atrás se hace díficil adivinar la expresión en sus rostros pero la manera en que avanzan sin perder en ningún momento el equilibrio a pesar de la incómoda posición hace pensar en que entre las tres existe una intimidad confortante.

La imagen, bañada en la luz naranja, casi roja, del atardecer tiene un tinte nostálgico, como algo sucedido hace años. Pero está sucediendo ahora mismo. O al menos, es lo que uno puede llegar a creer una vez ignora los bordes de la fotografía. La chica del centro se inclina un poco hacia la izquierda. Tiene una posición erguida, su lugar en el medio sugiere una suerte de liderazgo tácito que se debe, en parte, a la actitud protectora sobre las otras dos.

El único ruido proviene de las ruedas bajo las tablas y de los coches que de vez en cuando entran y salen del estacionamiento. La segunda chica se encuentra a la derecha, viste una blusa ligera color rosa; su cabeza mirando con aire ausente en dirección a un hidrante , tiene la espalda un poco arqueada, los hombros rectos en una demostración desaparecibida de seguridad.

La chica de la izquierda, por el contrario, está inclinada hacia el centro. Sólo es posible ver una de sus manos sosteniendo firmemente la de su compañera. Si bien ninguna de las tres parece estar vestida para la ocasión; el suéter muy grande, en combinación con los pantalones cortos, el cabello recogido y el calzado ligero, la hacen parecer la menos preparada de las tres.

El grupo avanza a través del lote. Al fondo se observan casas típicas de un suburbio americano, algunos árboles y, más lejos, un silo. El juego no puede durar mucho y más tarde que temprano, el momento será archivado en la memoria de todas ellas, donde se mantendrá latente por unos días hasta que nuevos y más interesantes acontecimientos tomen su lugar y este se desvanezca lentamente como el negativo de una fotografía olvidado bajo el sol de la tarde.