Escojo este momento entre todos los momentos, lo hago moviendo el dedo, casi despreocupadamente>: soy Dios, tengo el mundo a mis anchas. Cago oro al menor descuido, soy el orden supremo de todos los intestinos impares, mi cola tiene forma de lengua y pelos de gato. Aunque basta permanecer ergido un solo momento para empezar a ver elefantes resortados, ensortijados, empanadunciados por el momento que acabo de escoger. Mis decisiones son rocas en un estanque. Así funciona la cosa, tough kitty said the kitty’ y nos vamos todos al cuerno.
Creo que lo estoy consiguiendo, me doy cuenta en medio de un estruendo de risas ajenas (algunas compartidas). Uno no debe interrumpir las decisiones de nadie, esa clase de cosas tiene cierta tendencia a que el interpelado se olvide de la jugada que le daría el triunfo en la partida de ajedrez. De repente, unos deseos enormes de pertenecer a un grupo de danzas. Una solicitud para poner The Doors.
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