Cualquier intento es fútil. Lo único válido es el cambio, por ello está fuera de nuestro alcance. Si intentamos modificar nuestro rumbo, lo único que conseguimos es poner todo de acuerdo a la armonía de la línea contraria, lo opuesto al cambio; es decir la normalidad, el promedio, la quietud. Entre más nos empeñamos en cambiar las cosas, más estamos contribuyendo a que sean las mismas, puesto que el cambio es la única constante. Obedecer este orden está fuera de nuestro alcance, pues nunca somos los mismos, ni siquiera entre dos instantes consecutivos. ¿Cómo podemos entonces mirarnos al espejo y pensar que todo está perfectamente? ¿Que podemos avanzar en línea recta mientras damos vueltas en círculos, sin saberlo, convencidos de nuestros grandes alcances? Somos un asno que persigue la zanahoria que alguien ha atado frente a sus narices. Y llamamos a esto modernidad, estamos satisfechos, queremos pasar al siguiente nivel. ¿Qué clase de ceguera es ésta?
Rosetta, The Galillean Satellites.
N, en medio de la niebla. Imágenes de un mar turbio cubierto por la neblina, un pozo muy profundo a través del cual se filtra la humedad de su fondo. Una necesidad creciente por detener todo el tiempo suficiente para poder trazar patrones, cualquier cosa distinta a la sensación de flotar en un espacio oscuro y silencioso. La muerte.
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